Tal detenimiento en la trayectoria del cineasta se hace sorprendentemente breve si tenemos en cuenta que hasta ahora cuenta con cinco películas desde 1973.
Terrance Malick tiene fama de tomarse mucho tiempo para filmar, cosa con la que no estoy para nada conforme puesto que el único parón significativo se dio entre 1978 y 1998. Y otro hecho llamativo es la recepción tan dispar al mismo tiempo que expectante tiene su trabajo, motivos por los cuales redacto este “post”.
En el cine de Malick lo relevante es la interacción de los protagonistas no con el entorno, sino con la percepción de éste de una manera existencialista y tan subjetiva que en ocasiones el concepto “protagonista” se difumina dando lugar a obras cuasi corales donde se recrean los universos de cada individuo de forma aislada, mientras nos olvidamos sin querer del resto de sucesos. El tiempo y el espacio se detienen para hurgar en un determinado mundo interno dentro del cual se abren infinitas posibilidades y cuestiones: cómo afecta el pasado, dudas sobre la interpretación del presente, el futuro, y la eterna pregunta; ¿y si…?
En cualquier caso, las principales emociones y preguntas humanas son las máximas expuestas, ya sean dudas filosóficas, amorosas o de supervivencia. No extrañan por tanto los estudios académicos de Terrence Malick (de Filosofía, evidentemente), uno de los pocos datos disponibles del realizador dada su escasa afición al ámbito público.
“Badlands” (Malas Tierras), 1973.
Aunque los créditos aclaran que el guión no está basado en ningún hecho real, muchos señalan comprensiblemente a la cinta como una adaptación del caso Bonnie y Clyde. Mismamente el trailer desvela gran parte de la trama; una adolescente de quince años se fuga con un chico mayor para luego subsistir esquivando las autoridades, matando y robando durante una travesía sin rumbo fijado.
En este caso, todo lo que advertimos viene de la mano de Holly (Sissy Spacek), quien pasa de una aparente solitaria pero tranquila vida, a una prófuga espiral aún más solitaria, hasta de la misma civilización salvo por su compañero Kit (Martin Sheen).
Sí, desde su ópera prima, Terrence Malick a dirigido a actores de primera línea en una época en la que no era algo tan accesible como hoy. Es más, hasta ahora me han parecido muy bien llevados, incluso en la obra que nos ocupa; Badlands.
En otro sentido, aun no aburriendo, teniendo en cuenta la simplicidad y corta duración del filme, se hace demasiado lento para mi gusto. Además, la maestría fotográfica de las posteriores películas no se refleja en ésta (perdonable teniendo en cuenta su presentación en el arte del largometraje).
“Days of Heaven” (Días del Cielo), 1978.
A pesar del aspecto de romance melodramático del filme, Days of Heaven escapa del tópico exceso de azúcar mediante la fórmula del equilibrio. Los acontecimientos discurren lo suficientemente comedidos como para no caer en este clásico error, dejando paso a otros añadidos y virtudes de la obra.
Frente a Badlands, del segundo intento de Malick resulta una película más atrayente y con más fondo. El ritmo, guión y fotografía mejoran significativamente mientras sigue conservando la ausencia del morbo innecesario ante los hechos, tal y como ya hiciera en el anterior proyecto.
Cinematográficamente no alcanza la calidad de The New World, película la cual queda más en la memoria, es de mayor riqueza y está dotada de mejor estructura narrativa. Sin embargo, pese a los asuntos de cada personaje, “Days of Heaven” sabe plantear hábilmente y en su justa medida la vida campesina del incipiente siglo XX, alejándose de la común idealización en las recreaciones de época.
“The Thin Red Line” (La Delgada Línea Roja), 1998.
Tras un par de décadas sin “cine Malick”, el mismo regresa con un título sintónico entre tantos bélicos de la fecha, compaginando estilo y fallos recurrentes en su marca.
Es 1998 e inevitable comparar The Thin Red Line con Saving Private Ryan (Steven Spielberg), del mismo año. Ambas sobrevaloradas en mi opinión.
No tratándose de una película como para dejar huella (exceptuando algunas secuencias), Saving Private Ryan alcanza un nivel superior a la de Terrence Malick, la cual redunda de manera injustificada en los planteamientos subjetivos, así como en el sentido de la lucha, no sólo armada.
Que la guerra deshumaniza y desencadena barbaries lo llevamos observando desde los ’70 en la gran pantalla a partir del mazazo político y moral estadounidense de la Guerra de Vietnam (Born on the Fourth of July, Full Metal Jacket, Apocalypse Now… etc). Una vez superado el trauma, es hora de recuperar el género con menos remordimientos sin dejar de lado la conciencia. Nacen así proyectos, normalmente centrados en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, como la ya comentada Saving Private Ryan, Schindler’s List, La Vite É Bella, The Pianist o, aprovechando el tirón, la insufrible Pearl Harbor.
Bien entrados los años 2000, cuando el cine bélico parece desgastarse, aparecen algunas producciones a causa del descontento acaecido por las Guerras de Afganistán e Irak (In the Valley of Elah, Brødre…).
Pero no es ninguno de estos estrenos el que ha hecho sombra a The Thin Red Line salvo el de Saving Private Ryan. Dos cintas muy diferentes que compartían entre sí algunos mensajes similares. Una lástima para la vuelta de Malick y para la misma película, a pesar de sus obvios y repetidos discursos.
“The New World” (El Nuevo Mundo), 2005.
A diferencia de muchas críticas reivindicativas de Badlands o The Thin Red Line como icónicas de T. Malick, no coincido con la supuesta brillantez de aquéllas. Por el contrario, considero a Days of Heaven más resolutiva, y a The New World más representativa de su talento. Esta última las supera tanto en estructura y profundidad, como en ambientación.
Logra caracterizaciones menos ideales que sus precursoras tratándose de una historia más ajena a nuestro tiempo y cultura. Gracias al aumento de humanización en los conflictos interiores, paradójicamente, esta película se acerca mejor al espectador, pudiendo incrementar las posibilidades de conexión, mientras pertenece a una época más alejada si comparamos los anteriores trabajos de Terrence Malick.
La música, composición y dirección artística en general, ayudan sin duda a redondear la producción. Se adecuan a The New World conservando el equilibrio que ya tuviera Days of Heaven, pero en una obra preeminente a la anterior.
“The Tree of Life” (El Árbol de la Vida), 2011.
Por fin, The Tree of Life, o lo que es lo igual, el culmen Malick. Un estreno esperado a la par que de antagónico recibimiento; bodrio pedante “versus” obra maestra, posiciones en las cuales no cuadra la mía.
El filme se centra en una familia común estadounidense de mediados de siglo XX, enmarcada por las reflexiones de uno de los hijos ahora adulto (Sean Penn), acerca de las influencias que sus progenitores (Brad Pitt y Jessica Chastain) en su ser y modo de entender el mundo, y por conceptos universales y deístas en la relación sujeto-realidad.
Estos tres terrenos -individuo, familia, universo- plantean cuestiones y/o situaciones muy interesantes que desilusionan tarde o temprano. En el primer caso, quizás procura sugerir tanto que al final no araña ni la superficie de lo pretendido. En el segundo, un vez llegados hasta cierto punto la promesa se atasca. Y, en último lugar, la intención de englobarlo todo sencillamente no se consigue, pronto pierde la noción hasta el despropósito (el mejor ejemplo son las escenas de dinosaurios). Todo para mostrarnos en parte la vieja lección del ciclo de la vida y de las grandes y pequeñas cosas que se pierden por el camino de tal fenómeno.
En esencia, encuentro dos fallos en The Tree of Life: el mal desarrollo de unas buenas ideas y el desacierto al integrarlas entre sí.
Las reacciones tan opuestas al largometraje probablemente se deban al extremo contraste entre la genialidad fotográfica (poética desde el objeto más insignificante) y las faltas de un pasable guión, ya que muchos atribuyen la nulidad del realizador como guionista (argumento a mi parecer descartado si conocemos su trayectoria) cuando pasan más desapercibidas irregularidades de otros cineastas, como es el caso de Woody Allen, quien creo que arrastra demasiados años de hacer por hacer, con la única excusa de su propio nombre.
Para finalizar y muestra de que Terrence Malick no es un director tan pausado en su carrera, basta con leer en IMDb que se encuentra rodando su última película, además de contar con otras dos en post-producción.
Desde que el director estadounidense dejó de escribir guiones para sus propias películas a partir del fracaso de ”The Foutain” (La Fuente de la Vida, 2006), dejaron de tener la marca de Aronofsky que tanto añoro y tras su última película, ”Black Swan” (Cisne Negro, 2010), se me han caído dos mitos de una vez, pero todo puede empeorar…
Después de ver ”π” (1998) y ”Requiem for a Dream” (Requiem por un Sueño, 2000), tenía a Darren Aronofsky por un joven y talento de gran potencial. Antes esperaba ilusionada lo que podría venir después, ahora vaticino su cine con escepticismo, siendo benevolente.
Admito que con sus dos primeras obras dejó el listón muy alto, no di por sentado una obra maestra tras otra, pero sí algo más que correcto que nada más se ha cumplido hasta el momento con ”The Wrestler” (El Luchador, 2008).
Nada que ver con su estilo, he de decir que me agradó bastante. Frente a las tres anteriores (π, Requiem for a Dream y The Fountain) donde las formas cobraban un estilo personal de tanta importancia como el fondo, y se adherían a él para que juntas transmitiesen al espectador lo máximo posible, usando los recursos audiovisuales al antojo de Aronofsky (películas inmensamente subjetivas, efectistas, rítmicas y con toques surrealistas); The Wrestler es un trabajo sencillo, de corte realista y secuencias de ”cámara en mano” que recuerda al estilo simplista europeo de los ’90 y ’00.
Que el estilo narrativo cambie drásticamente, no quiere decir de manera necesaria que sea a peor ni que éste no sugiera. Es más, no deja de llegar porque no se halle la complejidad anterior. Precisamente envuelve de la manera que se lo había propuesto, y el director logra hacer un gran trabajo con el guión de Robert D. Siegel y los actores Mickey Rourke y Evan Rachel Wood especialmente.
Clint Mansell es el artífice de la música para los títulos de Aronofsky desde π o ”Pi: Faith in Chaos” (Pi: Fe en el caos, arriba). Tanto ésta como Requiem for a Dream (siguiente vídeo) contienen las melodías más destacadas y recordadas, sobre todo la del tema principal de Requiem for a Dream, el cual suele asociarse a ”The Lord of the Rings” (El Señor de los Anillos) a partir de que se utilizara para su videojuego, sin embargo, es originaria de Requiem.
Por otro lado, la colaboración de Clint Mansell para el resto de filmes me resultó menos notable.
En el caso de The Wretler se caracteriza por su suavidad y discreción porque así lo requería la historia, sobresaliendo los espacios silenciosos, diálogos y situaciones por encima de la música, por el contrario, las bandas sonoras de The Fountain y Black Swan sencillamente no descuellan por tratarse de trabajos flojos y facilones.
Centrémonos en las que están acompañadas de las creaciones más impactantes de Clint Mansell: Pi (ópera prima) y Requiem for a Dream (su sucesora).
Parece ser que esta modesta obra de presentación (económicamente hablando, $60.000 de presupuesto según IMDB), tiene los ingredientes de los que carece Black Swan, pese a su menor reconocimiento. Presentada con una fotografía irreal (no puedo evitar acordarme de las computadoras de ”Brazil” de Terry Gilliam), filmada en un blanco y negro bastante contrastado y de aspecto granulosa, Pi, sí que posee un halo intrigante e intenso cada vez mayor conforme pasan los fotogramas y trata rotundamente hasta el delirio el tema de la obsesión.
Recomiendo encarecidamente la versión en el idioma original hasta para los reacios a ella, no creo que resulte pesada debido a las adecuadas pausas y concisión de sus diálogos. De esta manera nos ahorramos el grito pastoril del principio, ”¡¡PIEIIH!!”, y ganamos, entre otras cosas, los solemnes acento y actuación de Mark Margolis (Sol Robenson), y la comicidad de las primeras apariciones entre el odioso ultraortodoxo Lenny Meyer (Ben Shenkman, insoportable con su voz nasal persiguiendo al protagonista por todos lados, ”Max!, Max!, Max!”) y Maximillian Cohen (un excelente y paranoico matemático con la absurda o genial idea de encontrar la pauta del enigmático número π, encarnado por Sean Gullette).
De lo más laudable de esta película es haber conseguido realizar ciencia ficción y suspense sin apenas efectos especiales, nada más que con el argumento, ya que la irracionalidad del número pi está de sobra demostrada.
Toca en menos de una hora y veinte minutos, tres de los pilares del hombre: estatus social, ciencia y religión, a través del fanatismo religioso y la ambición (la cual no sólo puede basarse en el dinero, si no en en un afán extremo y obsesivo por la superación individual).
Todo ello con el mito de la caverna de Platón latente un año antes de que muchos identificaran a ”Matrix” como la alegoría moderna del mito (no es que no vea clara las referencias, sólo que en esos casos frecuentan olvidar las alusiones de la percepción en el proceso de impresiones e ideas según D. Hume, y del ”Cogito ergo sum” de Descartes).
El investigador parte de una premisa muy simple: si las matemáticas son el lenguaje de la naturaleza, es posible comprender todo lo que nos rodea una vez las hayamos estudiado, y hayamos establecido las pautas que rigen nuestro entorno, sean los ciclos climáticos o sea el ”supuesto” discurrir del mercado bursátil.
Pronto veremos que unos trabajadores para Wall Street no son los únicos que coaccionan a Max para hacerse con la clave cual posibilita el advenir de los números en la bolsa. Unos fanáticos religiosos (quienes, ¿pronuncian el nombre de Dios en vano?) andan tras él desde que creen que podrían desentrañar La Cábala y el verdadero nombre de Dios utilizando su investigación.
Con un humilde hueco sembrado por π, se estrena Requiem for a Dream dos años más tarde, en 2000. La obra de Aranofsky que se ha incrustado en mi cabeza de tal forma que seguramente sea el motivo por la cual esté escribiendo ahora.
En una hora y media y un tiempo de rodaje bastante limitado, como solía pasar con tantas películas clásicas, ésta se divide en tres partes cada una más corta que la anterior: verano, otoño e invierno.
Presentación de los personajes.
Los cuatro actores principales se van distanciando entre sí progresivamente para exponer de un modo peculiar, recordando al coral, sus vivencias.
Todos están relacionados con Harry, Jared Leto (hijo único de Sara Goldfarb, de quien depende emocionalmente y pasa por alto todas sus tropelías, no estudia ni trabaja desde la graduación en el instituto al parecer, y el uso de drogas por su parte, la de su mejor amigo y su novia, es ocasional). Sarah Goldfarb, Ellen Burstyn (viuda y jubilada, sus únicos entretenimientos y obsesiones son la comida, la tv y charlar con las amigas en el portal de su edificio), Marion, Jennifer Connelly (novia de Harry, ”chica bien” con una tensa relación paternofilial) y Tyrone, Marlon Wayans (el mejor amigo de Harry y compañero de fechorías).
Cada uno de ellos se sumergen en el mundo de las drogas de una forma atípicamente realista.
Darren Aronofsky sonsaca de los actores unas eminentes interpretaciones (por eso mismo me extraña tanto lo sucedido con Natalie Portman en Cisne Negro), sinceramente, no encuentro a Ellen Burstyn mejor que a Jennifer Connelly a pesar del superior reconocimiento frente a la segunda, no porque sea una de mis actrices predilectas, pienso que la escena en la que espera sentada a que Harry regrese a casa después de haber recorrido y buscado por todo el piso sin éxito, algo con lo que aliviar el síndrome de abstinencia; es suficiente para lo demuestra.
Jared Leto resuelve su papel de forma sobradamente aceptable y creíble, lo cual no es poco teniendo en cuenta a un actor de limitadas virtudes, mientras Marlon Wayans, conocido por su faceta cómica, rezuma naturalidad sin que su inexperiencia como actor dramático sea ningún obstáculo en su trabajo.
Al igual que π, la trama y el ritmo son ascendentes, volviéndose cada estación más compleja, precipitándose los acontecimientos y cargándolos de angustia. Superando con creces el suspense de π y el pretendido sentimiento de agobio de Black Swan, llegando a un climax impactante por su crudeza.
No es una trágica película de lágrimas, pero destroza por dentro mucho más que un drama al uso.
Mantiene con presteza los montajes y cortes de π, más los apropiados fundidos en blanco. Si bien en Pi eran utilizados con un fin tendente a lo imaginativo, en Requiem por un Sueño son empleados para su tradicional dramatización, al estilo de la serie ”Six Feet Under” (A Dos Metros bajo Tierra).
Atemporalidad.
Hay un detalle que quizá llame la atención al espectador tratándose de una película de 2000; con todo lo que acontece y pese a las distancias, en ningún momento se utiliza un teléfono móvil. Algo que tiene una interesante explicación:
Según el propio director, no quería situar los hechos en una época concreta, de modo que pudieran haber pasado en cualquier fecha desde los ’70 hasta nuestros días, haciéndolos un poco más universales. De esa manera, opino, ayuda a extender el mensaje.
Algunos ejemplos:
- La mencionada ausencia de móviles.
- Esa palabra recurrente del Tyrone, ”dinamita”, propia de los ’70.
- Ropa de los ’90.
- Las pintadas de las calles, el montaje y base rítmica hip-hop en sus primeras ventas como traficantes. Típicas escenas de los ’80.
Decisiones y consecuencias.
En Requiem por un Sueño se presentan tres decisiones claves de las que dependerá el devenir de los personajes:
La primera se da a los pocos minutos, cuando Harry propone hacerse camello temporalmente, para luego disfrutar de los beneficios. Muy significativa, a mi juicio, la primera reacción de Marion, ”What’s the catch?”, una forma coloquial de decir algo similar a ”¿Dónde está la gracia/ventaja en eso?” O ”¿Qué hay de bueno en eso?”.
La segunda se produce desde el primer arresto de Tyrone, cuando empiezan a tirar de los ahorros de las ventas (en este caso para pagar la fianza, en otros para, irónicamente, pagar sus propias consumiciones) pasando a ser un saco roto del que sale más dinero del que entra.
Por último, la tercera decisión clave la toma Sara después de dudar entre ingerir o no más píldoras para adelgazar (las cuales son básicamente anfetaminas) de las indicadas por un médico que presta más atención su reloj de muñeca que al paciente en unas consultas frenéticas.
Requiem for a Dream no dista demasiado en diversos aspectos de Pi, no sólo en ciertas utilizaciones de cámara, sino en algunos de los temas que toca como la obsesión, desesperanza y la búsqueda enfermiza de algo que compense nuestras carencias.
Cuando Harry visita a Sara, se percata de la adicción de su madre a las pastillas.
Ni la soledad ni el sentimiento de inutilidad de la anciana me resultaron tan terribles como el hecho de que madre e hijo se tuviesen cara a cara y la sensación de vacío fuera la mayor de todo el filme, a pesar de mostrar con una acertada interpretación corporal el amor mutuo frente a ese portazo desolador de cierre de secuencia.
La sugerida historia pasada de Tyrone y su madre sin nombrar qué le sucedió exactamente, muestra perfectamente similares traumas sin necesidad de seguir ahondando.
[Nota: Si alguien está leyendo ésto y no ha visto la película, recomiendo que pare y salte hasta los vídeos porque relato un detalle de a mediados de cinta por el cual puede descubrirse una parte del final].
El deterioro de los protagonistas llega a un punto, que del uso de drogas puntual y por diversión, pasan a utilizarlas como conducto para evasión de problemas diarios (por ejemplo, la inyección de Harry después de visitar a su madre), hasta recurrir a cualquier cosa (como una infidelidad pactada para obtener dinero) y consumir para evitar el síndrome de dependencia.
Un buen ejemplo es la respuesta de Marion cuando al despertarse se da cuenta de que no hay nada con lo que colocarse, ”what are going to do?”, ”it’s your fault we don’t have something for the morning” (”¿qué hacemos?”, ”es tu culpa que no tengamos nada para la mañana”), y otro es la herida en el brazo de Harry que ignora hasta las últimas consecuencias con tal de seguir pinchándose.
Sin duda, una de las cosas que hacen que Requiem for a Dream funcione tan bien como película antidrogas exenta de moralinas, es el mostrar las terribles consecuencias de los cuatro personajes sin acogerse a la solución más fácil en estos casos; la muerte.
El autor reserva cuatro finales diferentes para cada uno de sus protagonistas, en los cuales todos viven infaustos mientras el espectador se pregunta si en algunos casos la muerte hubiese sido mejor forma de terminar.
El fracaso económico y de gran parte de la crítica de The Fountain, supone el fin hasta el momento de la etapa guionista de Darren Aronofsky en sus propias películas (junto a Hubert Selby Jr, autor de la novela original, y Ari Handel, en Requiem for a Dream y The Fountain respectivamente).
Un novísimo filme sobre la muerte como inicio de la vida, terminando como empieza (mensaje captado desde los cuatro años con ”Bambi” y su posterior versión felina de ”Hamlet” o ”The Lion King” (El rey león), que para el caso es lo mismo) y del anhelo por la vida eterna (el mito del manantial de la eterna juventud), una fotografía maravillosa (dorada y barroca como ella sola, todo hay que decirlo), una historia que mezcla el presente estadounidense, el pasado español y maya, y el futuro (éste último mientras viaja atravesando el universo en una ”nave-burbuja”, rodeado también de mitología maya añadida a entrenamientos y ejercicios de meditación extremorientales durante el trayecto, Dios sabrá porqué). Y para terminar, un tópico romance con algún moribundo (lo nunca visto).
Entretenida, olvidadiza y visualmente llamativa.
Por fin, el turno de Black Swan, el último filme de Aranofsky el cual supone a mi modo de entender el reconocimiento tardío y fuera de tiempo tanto al director como a la actriz principal, Natalie Portman.
Desde que leí la sinopsis en ”filmaffinity.com”, ya supe el final (o parte importante del mismo):
”Una bailarina de ballet se enfrentará a la rivalidad con una compañera, una confrontación cada vez más tensa conforme se acerca el día de un gran espectáculo. El problema es que no se sabe si esa compañera es una aparición sobrenatural o es fruto de la mente perturbada de la protagonista.”
Bueno, en realidad ese era el argumento que me encontraba en Filmaffinity desde su producción (éste está sacado de ”ecartelera.com”), ahora vuelvo a la web y me encuentro lo siguiente:
”Nina (Natalie Portman), una brillante bailarina que forma parte de una compañía de ballet de Nueva York, vive completamente absorbida por la danza. La presión de su controladora madre (Barbara Hershey), la rivalidad con su compañera Lily (Mila Kunis) y las presiones del exigente director (Vincent Cassel) se irán incrementando a medida que se acerca el día del estreno. Esta tensión provoca en Nina un agotamiento nervioso y una confusión mental que la incapacitan para distinguir entre realidad y ficción.”
Tal vez la segunda descripción encaje mejor con una película de prestigio, por lo que ésa es mi teoría del auténtico motivo del cambio.
No hay que ser un genio, ni siquiera cinéfilo, para averiguarlo. Un espectador medio podría haberlo adivinado, ATENCIÓN, REVELO ”SORPRNDENTE” FINAL: ¿”No se sabe si esa compañera es una aparición sobrenatural o es fruto de la mente perturbada de la protagonista”?, ésto está más visto que las piedras; una ilusión, igual que en ”Fight Club” (El Club de la Lucha), su copia ”The Machinist” (El Maquinista), ”Los Otros” (The Others), ”Shutter Island”…etcétera, y todas las películas que pretenden hacer pasar por originales y sublimes, proyectos con un recurso (vuelta de tuerca) que tuvo su apogeo en los ’90 (acordémonos de David Fincher, por ejemplo, realizador que supo adaptarse al contrario que M. Night Shymalan) y que a estas alturas, no cuela.
Pero Cisne Negro no me parece mediocre como mucho sólo por lo explicado. Los primeros cincuenta minutos aproximadamente sobran, no cuentan absolutamente nada y para cuando el argumento arranca de verdad, quedan otros cincuenta más o menos en los que tampoco transcurre nada especial, todo lo contrario, una historia simple de la que al menos podemos disfrutar de la dirección artística en los últimos minutos con ese ensoñador fundido en blanco que tanto gusta al sr. Aronofky.
No me meto en la piel de ninguno de los unidimensionales papeles, ni en el de la protagonista por mucha doble personalidad que tenga. Es más, la película ha conseguido destrozarme un mito; Natalie Portman, una de mis actrices favoritas. Siempre que he visto una película (independientemente de su calidad) en la que apareciese ella, daba por hecho que iba a estar soberbia, y no me había equivocado hasta ahora. La última prueba fue ”Brothers” (Hermanos), del irlandés Jim Sheridan, ”remake” de la danesa ”Brødre”. Habiendo estado Connie Nielsen en la original la elección el difícil, pero estaba acostumbrada a que Natalie Portman se saliera de la pantalla (en aquella ocasión quien me sorprendió para bien fue Tobey Maguire).
Sin embargo, es la primera vez que me quejo de la interpretación de Natalie Portman. Tiene los mismos gestos para todo, por ejemplo, cuando le comonicó a la madre (Barbara Hershey) que era la elegida para el papel, más que emoción de alegría por la noticia, parecía que se estaba muriendo de pena.
En cuanto al resto de actores, los únicos trabajos que me convencen son los de Vincent Cassel y los pocos instantes de Winona Ryder (”Dracula”, Coppola, … qué recuerdos), que tristemente se asemejan a su propia vida.
Por cierto, Mila Kunis no sé qué pintaba la primera mitad de la película, su personaje no sirve para nada hasta que el largometraje empieza a tener sentido. Sobrevalorada.
¿Tanta ovación porque ya les tocaba a Darren Aronofsky y a Natalie Portman?, ¿se tendría la misma opinión general de Black Swan si la hubiese filmado un cineasta con un pasado menos prometedor, como Nick Hamm, de ”Godsend” (El Enviado)?.
Últimos proyectos.
Sea como fuere, posiblemente tendremos que irnos olvidando del personal estilo de Aronofsky a juzgar por futuros proyectos, ”The Tiger” (adaptación de la novela de John Vaillant por Guillermo Arriaga y con Brad Pitt de protagonista), ”Machine Man” (de nuevo junto a Mark Heyman, coguionista de Cisne negro, basándose en los escritos de Max Barry).
”RoboCop” y ”Lobezno 2” cayeron como las futuras películas de Darren Aronofsky a dirigir.
Todas ellas grandes producciones y sin contar con el responsable de los diálogos de Pi, Requiem for a Dream y The Fountain.
Espero que no le ocurra lo mismo a Christopher Nolan quien, salvo en ”Insomnia”, al cargo de Hillary Seitz a partir del remake de Erik Skjoldbjaerg, siempre ha participado en los textos de sus películas.
”Everything Is Iluminated” es una de esas pequeñas joyas que pasan desapercibidas entre el resto de cajas de películas independientes, que se suelen descubrir gracias al boca a boca y, pienso, no deben dejarse pendientes para ver en un futuro próximo.
El director y responsable de la adaptación en 2005 a guión del libro homónimo del joven escritor Jonathan Safran Foer, es el conocido en la faceta de actor Liev Schreiber, ambos noveles en sus respectivos trabajos. Y los protagonistas son Eugene Hütz (músico de profesión en Gogol Bordello, grupo que llega a prestar su música y modesta aparición en la película. Próximamente les dedicaré una entrada), Elijah Wood (no, no sólo fue Frodo en ”The Lord of the Rings”, El Señor de los Anillos, lleva consigo una extensa carrera actoral desde niño), y Boris Leskin.
Como casi siempre que vaya a escribir de cine o literatura (todo llegará), advierto que revelaré detalles de la trama.
Al principio del filme nos puede parecer más común de lo que luego podremos comprobar. Al igual que tantas veces, todo empieza con la muerte de un familiar, pero en esta ocasión no es la excusa para que el protagonista viaje a su pueblo natal a asistir al funeral, reencontrarse con su pasado y afrontar lo que le pueda llegar ocurrir a partir de entonces. Esta vez, la muerte sirve de partida por primera vez, no de regreso, a un país extranjero (de EE.UU a Ucrania). No mira hacia el futuro, si no al pasado en busca de respuestas en lugar de tropezar con viejos problemas familiares o personales. Jonathan, Elijah Wood, no es alguien con traumas familiares, es únicamente una persona excéntrica y reservada en busca de los orígenes de su abuelo en Ucrania antes de emigrar a EE.UU a causa de la persecución nazi en la Segunda Guerra Mundial y para asentarse en un lugar más próspero.
Allí se cita con Alex (Eugene Hütz), su intérprete y guía al otro lado del Atlántico, y es en ese momento cuando entra como verdadero protagonista. Él era quién arrancó la película como narrador y quien nos la muestra en ”capítulos” al estilo dogma más ligero (sólo al anunciarlos).
Su abuelo, tercer Alexander en línea ascendente, es un antisemita el cual paradójicamente fundó un negocio consistente en recorridos por el país con el propósito de ayudar a judíos adinerados a encontrar a sus antepasados muertos.
Los tres más Sammy Davis Jr. Jr. (la trastornada perra lazarillo de Alexander para que éste pueda conducir, ya que desde que enviudó cree estar ciego, y a la que Jonathan tiene fobia como al resto de los perros) recorren Ucrania en busca del ”shtetl” Trochinbrod, la única pista de la que disponen junto a una foto del abuelo de Jonathan S. Foer (o ”Jonfen -S. Fur-”, como se empeña en llamarle su intérprete Alex, desde su cartel de bienvenida) con Augustine, la mujer que le ayudó a huir.
Durante el trayecto hasta su desenlace, se irán entremezclando los motivos que iniciaron el viaje de Jonathan con los propios problemas entre el conductor y el intérprete, abuelo y nieto.
Mientras Jonathan perdió a su abuelo siendo un niño con quien tuvo una relación aparentemente feliz, el de Alex vive todavía, pese a ello, es fácil advertir heridas internas las cuales ha ido arrastrando a lo largo de los años a escondidas y deteriorando su relación con los que le rodean, en especial con su nieto.
Sin embargo, sin saber porqué exactamente, esas heridas se van haciendo cada vez más palpables conforme se acercan a su destino.
El largometraje da ciertas pistas a propósito y con humildad de lo que realmente ocurre sin explotar el ya manido recurso ”twist ending” al final (cambiar las tornas de la historia), por el contrario, se ve venir poco a poco cómo podría acabar todo sin resultar previsible.
De una forma que logra un equilibrio perfecto; no cae en tópicos lacrimosos con excesivos detalles al mismo tiempo que no llega a ser fría. La película contiene la frescura de la ópera prima que es, además de esa emotividad tan difícil de lograr sin pecar de cualquiera de los los dos frecuentes errores antes mencionados (sobre todo del primero).
El filme también se nos presenta con cierto estilo propio del cine de Europa del este, del cual el caso más conocido quizá sea el del realizador Emir Kusturica, armonizando perfectamente comedia y drama.
Pero los choques culturales, lazos y relaciones familiares, miedos internos, la puesta en escena de un país dividido (Ucrania, entre los partidarios de una visión tendente a lo pro Europeo y occidental, y los defensores de una perspectiva más eslava), la persecución nazi a los judíos a principios de la guerra, no son los únicos temas de Everything Is Illuminated.
No importan la religión, etnia, procedencia o circunstancias personales del espectador. Esta obra sobrepasa aquellos y muchos más temas comunes a todo ser humano, permitiendo a cualquiera conectar con los personajes en un marco sencillo de cuestiones complejas: dirección artística limpia, equilibrada, con algunos guiños oníricos y realizada con originalidad, una banda sonora muy adecuada a la par que difícil de olvidar y una dirección, en definitiva, de gran talento que sabe sacar el máximo partido a cada actuación, ya sea del experimentado Elijah Wood, del primerizo Eugene Hütz (de una naturalidad pasmosa) o de un extra que se pasee tres minutos por la pantalla (¡hasta Sammy Davis Jr. Jr., la perra fanática de Michael Jackson sobresale!).
Para terminar, alabar su buen ritmo hasta cerca del final, cuando me parece que falla por redundante. Ya estaba todo claro, no era necesario seguir incidiendo, por otra parte, no me parece creíble la reacción de Alex en la última escena con su abuelo, fallo del guión para mí al igual que la actitud de Jonathan ante la perra, demasiado leve para ser una fobia.
Hasta hace relativamente poco, creía que las películas realmente malas eran como ”xXx”, ”The Ghost Rider”, ”Van helsing” o cualquier secuela de ”Jackass” o ”American Pie”. Pero no, hay otras infinitamente peores, y uno de los síntomas para identificarlas se da cuando notas que te has reído cuando deberías haberte asustado, intrigado o incluso apenado.
Eso sí, debo confesar que desde que vi la primera de este tipo (inclasificables, ni serie Z ni nada), las adoro, y aconsejo siempre no verlas solo para sacarles el máximo partido (sin pasarse, que por abusar uno puede acabar teniendo la sensación de haberse atontado un poco). Carcajadas aseguradas .
Estos son los peores largometrajes que he visto hasta ahora, que no los peores de la historia (no soy tan pretenciosa) y sin seguir criterio alguno en su orden. Espero seguir descubriendo más ”perlas” como estas para futuras sesiones del único cine para el cual no es apto las palomitas, pueden producir asfixia sumándolas a las risas involuntarias (aviso de ”SPOILER”):
1- ”DNEVNOI DOZOR” (Guardianes del Día), Timur Bekmambetov, Rusia, 2006.
”Guardianes del día” fue el primer filme por recomendación que alquilé para una de estas sesiones que ya he convertido en costumbre. Cumplió las expectativas… y con creces… las risas se oyeron hasta en la calle.
Según la contraportada no se había logrado nada similar desde ”Matrix” y el tráiler (abajo) nos asegura que Timur Bekmambetov es todo un visionario, ¿del ridículo?.
Es que la historia promete: los grupos que custodian el equilibrio entre las fuerzas del bien y del mal disputándose una tiza. Sí, una puñetera tiza, bueno, en realidad no es una cualquiera, se trata de La Tiza del Destino, obteniendo así una versión del ”Señor de los Anillos” a la ensaladilla rusa, pero con la mayonesa cortada.
A ésto hay que aclarar la trágica historia de cómo empezó la lucha entre los ”Otros de la Luz” y los ”Otros de la oscuridad”: los malos y los buenos coincidieron en un puente, nadie cedió el paso y comenzó la pugna (no es broma, si alguien duda que eche un vistazo a los primeros minutos de ”Guardianes de la noche”, su antecesora).
La leyenda cuenta que ante el sufrimiento que le causaron al jefe de los Otros de la Luz las muertes, lloró, mientras Zavulón, el líder de la oscuridad, se regocijaba. Atención, fotograma del bueno llorando (¡así lloran los rusos!, doy fe):
Tal fue su tristeza que congeló la batalla, ¿cómo?, con un simple grito y gesto de furia. ¿Por qué no la detuvo antes si era tan fácil?, no se sabe. Entonces pactaron una tregua que dura desde siglos atrás hasta hoy en día.
Volvamos a la segunda parte, Guardianes del Día, una maravilla de película donde caben actuaciones, montajes y situaciones de lo más absurdos. Si en Guardianes de la Noche pudimos contemplar el recorrido de un tornillo durante casi un minuto sin relación alguna con el ”argumento”, aquí se ven secuencias aún más extraordinarias, como cuando el protagonista se conecta a Messenger y Zavulon (el supermalo) le escribe, que para eso el bueno le tenía agregado, aquellas escenas tipo anuncio de desodorante fresco en la ducha de la pareja principal con los cuerpos intercambiados, las escenas que no venían a cuento de mosquitos que aparecían al ponerse unas mágicamente poderosas gafas de sol en noche cerrada o las motos que atacaban a un camión del cual habían salido y que se suponían estaban en el mismo bando.
La guinda del pastel la he reservado para el final, el momento más memorable para mí. En una tensa fiesta, llega un personaje a atacar a Zavulon con un puñal de hueso, forcejean, pero todo parece solucionarse cuando Zavulon grita abrazando a su enemigo ”¡Tango!”, con quien baila hasta romper el cristal del edificio y precipitarse en una caída en la que dicho personaje acaba con el arma clavada.
Después de éstos y más despropósitos(como el de un coche al que no le afecta la gravedad sin explicación alguna y recorre sin problemas un edificio en vertical rompiendo de todo menos los cristales) acaba la película, no sin un buen final:
El protagonista se hace con La Tiza del Destino, escribe en un muro algo así como ”todo esto no ha pasado” y nos remontamos al año 1992 y a unos peinados con dobles coletas infantiles y melenas para que no se note la diferencia de edad de los personajes.
Ni los efectos especiales salvan el proyecto, el resultado es totalmente antiestético y el montaje horrible.
2- ”ALONE IN THE DARK”, Uwe Boll, Canadá, Alemania y U.S.A. 2005.
¿Qué podemos esperar viniendo de Uwe Boll, el Ed Wood de las finanzas?. Estas son algunas estimaciones según IMDB de algunas de sus joyas:
”Alone in the Dark”, 2005: apenas $5,2 millones recaudados y con un presupuesto de unos $20 millones.
”BloodRyne”, 2006: poco más de $3,6 millones partiendo de un presupuesto de $25 millones.
”In the Name of the King: A Dungeon Siege Tale” (En el Nombre del Rey), 2007: ni $5 millones contando con una inversión de $60 millones.
¿Que cómo sigue trabajando?, bueno, no es una pregunta de ordinaria respuesta. Este señor, que muy amablemente manda a paseo a quien ose criticar su cine, ha seguido en muchas de sus películas un cuestionado sistema de financiación ya extinto a base de subvenciones alemanas que exigían dirección, producción y guión germanos. (notasdecine.com).
En fin, vamos con la cinta en cuestión; ”Alone in the Dark” (después de verla entiendo la avalancha de cartas por parte de los fans de videojuegos a los que este cineasta alemán le gusta tanto adaptar), un sinsentido, la decadencia del séptimo arte se palpa en cada fotograma, ¡cuánto celuloide maltratado!.
Al aparecer los créditos finales las preguntas se tornan inevitables, ¿qué leches ha pasado aquí?, ¿esto de qué iba?. La introducción eterna, las escenas de lucha del principio ridículas e increíbles (sin haber explicado si el malo era sobrenatural o no, durante una larga pelea, éste no se muere ni a tiros, y nunca mejor dicho, pero al final se mata de una caída empalado de la forma más tonta), balas desperdiciadas (a ver, si los bichos translúcidos esos ni se han inmutado después de 67 disparos, no creo que les pase mucho al sexagésimoctavo), diálogos disparatados (un ejemplo, se supone que Christian Slater es un detective especializado en casos paranormales consciente de que siempre han existido fuerzas malignas contenidas luchando por salir de la oscuridad y hacer de las suyas. En la charla típica con el taxista de turno le cuenta a lo que se dedica, y éste se queda tan pancho siguiendo la conversación hubiese oído llover)… y sigue así la cosa.
Pero no sólo de acción y monstruos vive el hombre, esta es también una historia de amor, no muy apasionada, pero la hay. En realidad se trata únicamente de una escena que relato a continuación:
Tara Reid en plan bibliotecaria de película porno con pantalones ajustados, camisa, moño y unas gafas que no deben servir demasiado, porque cuando las lleva están a mitad de la nariz y mira por encima de ellas.
Christian Slater en camiseta de tirantes, vaqueros y abrigo, siempre, ¡para qué cambiar!.
La pareja protagonista trabajan y viven aventuras terroríficas al más puro estilo ”Indiana Jones” o ”Tremors” (Temblores) con normalidad, hasta que un día ella va a la casa de su compañero de trabajo, deja el bolso a un lado, se recuesta a su lado en la cama, hay una teórica secuencia de sexo sin desnudos con la misma cara de excitación que pongo yo cuando salgo a comprar lechuga para la ensalada… y ya está.
No se vuelve a hablar del asunto y estos dos siguen el resto de cinta como si nada.
Otro ingrediente indispensable para la obra es el drama, hubo una secuencia que me sobrecogió. Una chica que les ayudaba en su peculiar periplo muere irremediablemente por una de las bestias semitransparentes, por fortuna, la tragedia no dura demasiado, ya que al director se le pasó por alto cortar la escena a tiempo y se aprecia cómo empieza a incorporarse.
Es que Uwe Boll es todo un maestro, sólo él puede reunir a estrellas de la talla de Ben Kingsley, Ray Liotta, Leelee Sobieski, Geraldine Chaplin, Michelle Rodriguez, Stephen Dorff, Brendan Fletcher, Burt Reynolds, David O’Hara, Luke Perry, Edward Furlong, Michael Paré, Ron Perlman…
Vale, es cierto que algunos no han dado señales de vida en años, han perdido algo de forma o se dedican ahora al cine de serie B, pero es que el sr. Boll es todo un alma caritativa.
Para este año, el experto en versiones de videojuegos que dan pena, amenaza con ”Auschwitz”, un filme serio acerca del holocausto nazi que con el currículo de Uwe Boll no parece ser el más indicado para rodar sobre el tema. Por mi parte, he tenido el dudoso honor de ver un avance en el cual él es un verdugo nazi dormitando (creo) al otro lado de la cámara de gas.
3- ”ZOMBIE WARS”, David A. Prior, U.S.A. 2006.
Aun siendo intencionado en este caso, hace relativamente poco tiempo decidí dejar de ”tragarme” cualquier cosa por el mero hecho de que venga del subgénero zombi o vampiro, una extraña debilidad cinéfila entre tantas (la última de Romero, ”Survival of the Dead”, fue la gota que colmó el vaso).
Volviendo a la cinta en cuestión, ni lo que pueda escribir aquí ni el tráiler que está editado de forma que disfraza la verdadera cara del largo, pueden dar una mínima idea de lo que es ”Zombie Wars” en realidad.
Nos hallamos dentro de medio siglo, en un futuro post-apocalíptico donde los humanos se están extinguiendo y los zombis tienen el control a base de un sistema organizado de trabajo y de crianza de humanos.
Ahora bien, los zombis las pasan canutas para alimentarse, ya que tienen que esperar a que el ”ganado” crezca.
Ojo a los efectos especiales, sólo con poder decir que uno de los zombis, en vez de caracterizado como un muerto viviente, directamente tenía una máscara verde de extraterrestre sobre la cabeza… ya puede vislumbrar uno cómo será lo que está por venir: maquillaje de horror sólo en la cara (viéndose en perfectas condiciones el cuello y los brazos), pasos de una escena a otra con todo tipo de cortinillas (y su sonido correspondiente) al parecer de ”Windows Movie Maker”…etc.
Claro que si nos fijamos en el reducto de humanos… comprenderemos porqué les va tan mal.
Siguen teniendo munición, vestimenta militar, pilas, radio…etc, tras cincuenta años, pero tienen por muro de defensa a unos hierros situados únicamente en uno de los cuatro lados del área con una altura de un metro aproximadamente, custodiada día y noche.
”Zombie Wars” hace referencia a otras grandes obras de la gran pantalla como ”Psycho” (psicosis), ”A Streetcar Named Desire” (Un Tranvía Llamado Deseo), ”Matrix” o ”Terminator”.
Unos ”padre-peleles” zombis maniatados para dar compañía y charlas ficticias, una protagonista llamada Estrella que se pierde (¡Estrellaaaa!), balas ralentizadas, un primogénito que podría liberar a los humanos en el futuro… En fin, perfecta para cualquier día laborable por la tarde con unos amigos en casa.
4- ”ELEPHANT”, Gus Van Sant, U.S.A. 2003.
Somnolencia más que gracia.
Siempre intento mantener mi propio criterio aunque no sea el de la opinión dominante y cuando me rebaten con prestigio, críticas, premios… suelo responder lo siguiente: ”Elephant se llevó la Palma de Oro en Cannes a la Mejor Película y Mejor Director y me parece una bazofia”.
La NADA. Personajes que por querer presentarlos de forma sencilla y no saber hacerlo, quedan desdibujados. Típicos ”silencios interesantes” que no transmiten y adolescentes paseando por el centro educativo todo el tiempo. Pedante y vacía película.
¿Cómo pueden una hora y quince minutos hacerse tan largos?. Sólo dura eso y no pude verla seguida, me desesperaba, me aburría y me quedaba dormida, así que la terminé a trozos.
”Los Nibelungos” de Fritz Lang e ”Intolerancia” de D. W. Griffith juntas me engancharon mucho más que Elephant, me pasé todo el tiempo deseando que los matasen a todos (sin ofender, está basada en el suceso del instituto estadounidense Columbine).
Es lo que ocurre cuando a Gus Van Sant tiene la feliz idea de escribir los guiones de los largometrajes que él mismo dirige. Véase el caso de ”Last Days”, esta vez inspirada en los días precedentes a la muerte de Kurt Cobain.
Más de una hora mostrando a Michael Pitt en silencio (o gruñendo como mucho), lento y en el papel de drogado y ebrio.
5- ”AMEN”, Constantin Costa-Gavras, Francia, Alemania y Rumanía, 2002.
En esta ocasón, tropecé con una de las peores películas que he visto en mi vida por pura casualidad.
Aprovechando una oferta de dos por 2,50 euros, alquilamos ”Alone in the Dark” (a sabiendas de la basura que nos esperaba) y ”Amen”, una película seria en teoría que nos salió rana.
Después de ver esta última, leí estos fragmentos de críticas en ”Filmaffinity.com”:
“Lo que cuenta es tan fuerte que suple las carencias artísticas de Costa-Gavras, su didactismo, su molesto afán para que todo quede demasiado claro. (…) Hay que agradecerle al legal e incisivo Costa-Gavras que siga desvelando viejas atrocidades, pero su estilo para hacerlo sólo alcanza el aprobado.” (Carlos Boyero: Diario El Mundo)
“Sin hacer una obra maestra (Costa-Gavras suele estar como director por debajo de los magníficos y ambiciosos asuntos que filma) nos sitúa ante el rostro de esta herida sangrante” (Ángel Fdez. Santos: Diario El País)
En mi opinión, NO. De lo que trate una obra artística no tiene nada que ver con su calidad, por lo tanto, no me parece excusable.
Afirmo rotundamente y sin complejos que me pareció pésima. A lo largo de los primeros quince minutos nos quedamos con cara de idiotas ante semejante esperpento, entonces salimos de nuestro asombro y confieso que acabaron doliéndome los abdominales de la risa.
No creo que ensalzar un trabajo simplemente por su temática sea útil realmente. De hecho, pienso que se les hace un flaco favor en estos casos tanto a los espectadores como a la historia.
En los primeros momentos noté que todos los alemanes actuaban demasiado iguales entre sí y con la expresividad del mármol, salvo el protagonista, quien debió hacer caso omiso a las indicaciones de Costa-Gavras.
Sea como fuere, para mí esta película alecciona sobre cómo la estupidez es más peligrosa que la propia conducta homicida.
Me explico, Kurt Gerstein, el personaje principal, es un ingeniero químico y militante de las SS que se encarga de suministrar el gas Ziklon B (en un principio sólo un desinfectante) a los campos de concentración.
Sin embargo, desde que observó a través una mirilla cómo gaseaban a personas, decidió denunciarlo e informar a diplomáticos (como hizo con el sueco en el tren justo después de tan terrible experiencia) y principalmente a altos cargos de la iglesia católica en el Vaticano y a sus propios compañeros.
Es entonces cuando entra en acción el personaje que encarna Mathieu Kassovitz; Ricardo, un zapato de actor, sinceramente, cuando se enteró de que los judíos no eran deportados, sino exterminados, en el salón del piso todos creímos que se estaba alegrando, en lugar de aterrarse por la noticia. ¿Por qué?, por lo siguiente; si pulsamos encima del cartel de arriba y agrandamos, podremos apreciar una ligera sonrisa en el hombre de la derecha. Es leve, pero vista en una televisión adecuada y con el DVD original, pudimos comprobar ése y muchos más deslices del filme.
Todavía sigo preguntándome si ciertas escenas eran en realidad paréntesis de humor o no, un ejemplo es la del hijo haciendo el saludo al führer en los momentos más inoportunos, otro, la del fotógrafo en el Vaticano, un prototipo de italiano circense que no paraba de hablar en su idioma natal de forma exagerada e imitando las maneras italianas con espasmos más que con gestos, para luego soltar ”Mon dieu!”.
Queda claro que Constantin Costa-Gavras y Jean-Claude Grumberg (los guionistas) no distinguen el francés del italiano.
Será difícil rodar planos faltos de gracia en un palacio, pero sin duda esta película lo consigue: están mal encuadrados, con una perspectiva sin gusto y descuidada, en una comida daba la impresión de haberse estropeado todas las cámaras menos una (la cual no da abasto con todos los actores, de forma que se muestran a destiempo y apresuradamente), y para rematar, unos falsos fondos que recuerdan a los de las fotografías que nos tomaban de pequeños en la escuela haciéndose pasar por paisajes reales. Sólo hubiese colado si no hubiera llevado lentillas aquel día.
A todo eso hay que añadir la ineficacia de la narrativa. Tiene un ritmo desmarcado y salta en el tiempo como quiere, del mismo modo que se repite una y otra vez en el mensaje que intenta transmitir: ”la pasividad de la iglesia ante las atrocidades del holocausto nazi”.
Sin embargo yo no recibo tal denuncia. Lo que me llega es la ineptitud de un protagonista que no para de decirles a los propios nazis que están matando judíos (¿de verdad?, ¿no me digas?), que desaprovecha pasajes (ya que va y viene tanto de Italia… algún pasaje podría haber salvado una víctima), que se le llega a ocurrir olisquear el Ziklon B mientras los demás usan protección, y para colmo; firma su sentencia de muerte al no tener nada que le exculpase cuando acabara la guerra porque ”tenía que estar como testigo, no podía salir de mi puesto”. Ainss.
6- ”SURF ZAZIS MUST DIE” (Los Surfistas Nazis Deben Morir), Peter George, U.S.A. 1987.
Otra de nazis, pero surfistas esta vez. ¿Qué se puede esperar de una película con semejante título y cartel?, pues eso, que unos pandilleros neonazis surfistas luchan contra otras bandas de la zona como la de los samuráis por el control de las costas californianas tras un gran terremoto en un ”futuro próximo” (muy próximo tendrá que ser porque el ambiente no podía ser más ochentero) que deja L.A sin control policial y prácticamente en la anarquía.
Pero el despropósito sigue, una anciana afroamericana, ¿es que no es estadounidense?de color, ¿es que los demás somos invisibles? negra y gigante residente de un asilo prepara su personal venganza contra los neonazis que mataron a su hijo. De modo que la ”supergrandma” no duda en perseguirles montada en una Harley, vestida de negro, con gafas de sol y fumando puros entre una partida de póquer y otra. ¡Ahí es nada!.
Todavía hay más… los nombres, ay madre con los nombres, el jefe del grupo se hace llamar Adolf (aunque en realidad me recuerda a un Freddie Mercury más delgado y amanerado, o al vocalista de Glamour to Kill), algunos de sus compinches son Eva, Menguele, Brutus o Smeg.
Son tan perversos que mataron a un Jesús, debido a que… ”¡no hay lugar para Jesús en la playa!, es nuestra solución final, ¡judío!”.
7- ”PLAN 9 FROM OUTER SPACE” (Plan 9 en el espacio exterior), Ed Wood, U.S.A. 1959.
Desconcertante, a veces da miedo lo que el hombre puede llegar a hacer. Este intento fallido de ”The Day the Earth Stood Still” (Ultimátum a la Tierra) no hay por donde cogerlo. Fue una de las últimas de esta lista que vi y aún no me lo creo.
Al comienzo, un piloto se cruza con uno de los OVNI (desproporcionados según donde se encuentren) en pleno vuelo y le comenta la experiencia a su esposa, lo que la sorprende como si le contara que se ha encontrado con un amigo. He aquí un esbozo del diálogo:
Esposa- ¿Qué ha pasado?.
Marido- He visto un platillo volador.
Esposa- ¿Un platillo?, ¿quieres decir algo de otro mundo?.
Marido- Sí, eso parece. Era como un enorme cigarrillo. (?).
Los extraterrestres aterrizan en nuestro planeta para advertirnos de la ”solarbonite”, el último elemento que nos queda por controlar como arma y por el cual, cegados por nuestra ambición, será destruido el universo (las explicaciones científicas no tienen desperdicio). Para ello intentan llamar nuestra atención recurriendo al ”Plan 9”, que consiste en lo siguiente:
Extraterrestre- Plan 9… ah sí, Plan 9: ”Intentar la resurrección de los muertos con electroshocks a larga distancia a las glándulas pituitaria y pineal de muertos recientes”. (¿Ein?).
Entre tanto, ”despiertan” a los muertos (bueno, a decir verdad sólo a tres). Bela Lugosi (y su doble,había fallecido para el rodaje) es uno de ellos, y vaga por un cementerio en el que las lápidas se tambalean y caen como nada, ora de día, bajito y con la capa desplegada, ora de noche, alto y cubierto por la capa.
En esta obra todo es posible, se intercalan el día y la noche en la misma secuencia y distintos royos de celuloide, con procedencias distintas entre sí.
Pero eso no es nada, los visitantes no sólo nos dan lecciones de ética y química, si no que además nos han salido beatos y machistas, ¡toma ya!:
Extraterrestre- Ustedes no usan la mente que Dios les dio. (¿Cómo?).
Hombre- ¿Tú hablas de Dios?.
Extraterrestre- ¿Crees imposible que nosotros también seamos creación de Dios?. (Ahora en serio, ¿esto es una broma?).
Intervención de la hembra.
Extraterrestre macho- ¡Es suficiente!. En nuestra tierras las mujeres (pero, ¿no eran de otro planeta?) están para propagar la raza, no para luchar en peleas de hombres (y dale…¡que no sois humanos!).
8- ”BIRDEMIC”, James Nguyen, U.S.A. 2008.
Los pájaros se comportan de forma extraña, se vuelven contra los humanos, lanzan bombas y líquido corrosivo contra las ciudades… ¿qué podemos hacer nosotros?, sólo una cosa; defendernos con perchas.
Este es el único caso del que dudo hayan pretendido algo serio, pero la falta de talento les haya jugado una mala pasada.
Según la versión inglesa del periódico The Guardian, James Nguyen, el director, condujo hasta el Festival de Sundance promocionando su obra con sangre falsa, ropajes y sonidos de pájaros a través de su megáfono.
La web, www.birdemic.com/, tan cutre como la película, nos anuncia la corta aparición de Tippi Hedren, protagonista de ”The Birds”, de Alfred Hitchcock.
No hace falta comentar demasiado, los tráiler y secuencias (abajo) hablan por sí solos:
Superposiciones con ”gifs” de pájaros que parecen sacados de los ’90 y a veces tienen unos movimientos semejantes a un ”Break dance”, actuaciones (que nadie se pierda la secuencias del autobús, donde la chica de la derecha muere mientras masca chicle y se retira el pelo de la cara, y la de la tienda, colosal ese ”demons!”), y explicaciones inverosímiles (causa= el agujero de la la capa de ozono que les ha hecho evolucionar así, mmm ya, claro).
9- ”MENTIRAS Y GORDAS”, Alfonso Albacete y David Menkes,España, 2009.
Vergüenza ajena.
Si alguien la ve y se entera de qué va que me la explique, por favor, porque o soy yo o la película no tiene argumento.
Unas interpretaciones de pena (en especial la de Hugo Silva, patético), dirección artística sin gusto, un montaje que parece hecho con las gafas perdidas, guiones superfluos y situaciones sin sentido.
¿A qué viene tanta aflicción de Ana de Armas por Mario Casas, en vez de llamar a una ambulancia antes de que agonice si no se conocían?, ¿de qué sirve indicar dónde está el baño para luego añadir ”pero no entres”?.
Por cierto, tampoco se conocían entre sí los de la escena final de la discoteca.
En cuanto a Ángeles González-Sinde, después de unas películas bastante decentes, no comprendo el irónico patinazo de la Ministra de Cultura en la participación de este infumable guión. Bueno, éso y no aceptar las críticas.
Al final todo se reduce a lo siguiente:
10- ”CREATURE OF DARKNESS”, Mark Stouffer, U.S.A. 2009.
Si pulsamos con el cursor sobre el cartel de arriba podremos leer ”Cazando especímenes… especímenes humanos”. Sí, esta es otra película que clama ser un bodrio sólo con la sinopsis y aunque no lo imaginemos por los hilarantes efectos especiales (sin comentarios, dejo la sorpresa para el que se atreva a visionarla), este filme es de 2009:
Extraterrestres (bueno, lo cierto es que en singular sería más apropiado, porque el presupuesto les alcanzó para una sola máscara) que coleccionan muestras de las formas de la raza humana para un museo de otra galaxia.
Este grupo no podría estar más en el blanco de la diana: Gina (mitad caucásica, mitad asiática), Andrew (Devon Sawa, ”Casper” o ”Idle Hands” -”El diablo Metió la Mano”-, pero, ¿qué le ha pasado desde los ’90?), Eric, Lance (Matthew Lawrence, ”Boy Meets World” -”Yo y el Mundo”-, ”Mrs. Doubtfire” ) y Rachel (blancos), Heather y Emilio (hispanos), Karla y Mason (supuestos negros, y digo supuestos porque si esos dos lo son y no están mezclados como Gina, mi padre deberá ser Etíope, porque no es mucho menos moreno, y ya puestos, mi madre sueca, ¿por qué no?, total, es más clara que la chica blanca que secuestró el bichejo intergaláctico) .
Efectos especiales a parte, los diálogos tampoco tienen desperdicio:
Mason- Le estoy dando vueltas a la cabeza y… ¿cómo es que los extraterrestres después de tanto tiempo saben lo que iba a pasar aquí y ahora?.
Andrew- Relatividad, saltan en el tiempo justo como Einstein dijo que era posible con la velocidad de la luz.
PD: Lo mejor es el gesto de bobo ebrio que nos brinda Devon Sawa durante esas ”profundas” palabras.
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