Repaso a la filmografía de Terrence Malick

Tal detenimiento en la trayectoria del cineasta se hace sorprendentemente breve si tenemos en cuenta que hasta ahora cuenta con cinco películas desde 1973.
Terrance Malick tiene fama de tomarse mucho tiempo para filmar, cosa con la que no estoy para nada conforme puesto que el único parón significativo se dio entre 1978 y 1998. Y otro hecho llamativo es la recepción tan dispar al mismo tiempo que expectante tiene su trabajo, motivos por los cuales redacto este “post”.

En el cine de Malick lo relevante es la interacción de los protagonistas no con el entorno, sino con la percepción de éste de una manera existencialista y tan subjetiva que en ocasiones el concepto “protagonista” se difumina dando lugar a obras cuasi corales donde se recrean los universos de cada individuo de forma aislada, mientras nos olvidamos sin querer del resto de sucesos. El tiempo y el espacio se detienen para hurgar en un determinado mundo interno dentro del cual se abren infinitas posibilidades y cuestiones: cómo afecta el pasado, dudas sobre la interpretación del presente, el futuro, y la eterna pregunta; ¿y si…?
En cualquier caso, las principales emociones y preguntas humanas son las máximas expuestas, ya sean dudas filosóficas, amorosas o de supervivencia. No extrañan por tanto los estudios académicos de Terrence Malick (de Filosofía, evidentemente), uno de los pocos datos disponibles del realizador dada su escasa afición al ámbito público.

“Badlands” (Malas Tierras), 1973.

Aunque los créditos aclaran que el guión no está basado en ningún hecho real, muchos señalan comprensiblemente a la cinta como una adaptación del caso Bonnie y Clyde. Mismamente el trailer desvela gran parte de la trama; una adolescente de quince años se fuga con un chico mayor para luego subsistir esquivando las autoridades, matando y robando durante una travesía sin rumbo fijado.

En este caso, todo lo que advertimos viene de la mano de Holly (Sissy Spacek), quien pasa de una aparente solitaria pero tranquila vida, a una prófuga espiral aún más solitaria, hasta de la misma civilización salvo por su compañero Kit (Martin Sheen).
Sí, desde su ópera prima, Terrence Malick a dirigido a actores de primera línea en una época en la que no era algo tan accesible como hoy. Es más, hasta ahora me han parecido muy bien llevados, incluso en la obra que nos ocupa; Badlands.

En otro sentido, aun no aburriendo, teniendo en cuenta la simplicidad y corta duración del filme, se hace demasiado lento para mi gusto. Además, la maestría fotográfica de las posteriores películas no se refleja en ésta (perdonable teniendo en cuenta su presentación en el arte del largometraje).

“Days of Heaven” (Días del Cielo), 1978.

A pesar del aspecto de romance melodramático del filme, Days of Heaven escapa del tópico exceso de azúcar mediante la fórmula del equilibrio. Los acontecimientos discurren lo suficientemente comedidos como para no caer en este clásico error, dejando paso a otros añadidos y virtudes de la obra.

Frente a Badlands, del segundo intento de Malick resulta una película más atrayente y con más fondo. El ritmo, guión y fotografía mejoran significativamente mientras sigue conservando la ausencia del morbo innecesario ante los hechos, tal y como ya hiciera en el anterior proyecto.
Cinematográficamente no alcanza la calidad de The New World, película la cual queda más en la memoria, es de mayor riqueza y está dotada de mejor estructura narrativa. Sin embargo, pese a los asuntos de cada personaje, “Days of Heaven” sabe plantear hábilmente y en su justa medida la vida campesina del incipiente siglo XX, alejándose de la común idealización en las recreaciones de época.

“The Thin Red Line” (La Delgada Línea Roja), 1998.

Tras un par de décadas sin “cine Malick”, el mismo regresa con un título sintónico entre tantos bélicos de la fecha, compaginando estilo y fallos recurrentes en su marca.

Es 1998 e inevitable comparar The Thin Red Line con Saving Private Ryan (Steven Spielberg), del mismo año. Ambas sobrevaloradas en mi opinión.
No tratándose de una película como para dejar huella (exceptuando algunas secuencias), Saving Private Ryan alcanza un nivel superior a la de Terrence Malick, la cual redunda de manera injustificada en los planteamientos subjetivos, así como en el sentido de la lucha, no sólo armada.
Que la guerra deshumaniza y desencadena barbaries lo llevamos observando desde los ’70 en la gran pantalla a partir del mazazo político y moral estadounidense de la Guerra de Vietnam (Born on the Fourth of July, Full Metal Jacket, Apocalypse Now… etc). Una vez superado el trauma, es hora de recuperar el género con menos remordimientos sin dejar de lado la conciencia. Nacen así proyectos, normalmente centrados en la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto, como la ya comentada Saving Private Ryan, Schindler’s List, La Vite É Bella, The Pianist o, aprovechando el tirón, la insufrible Pearl Harbor.
Bien entrados los años 2000, cuando el cine bélico parece desgastarse, aparecen algunas producciones a causa del descontento acaecido por las Guerras de Afganistán e Irak (In the Valley of Elah, Brødre…).

Pero no es ninguno de estos estrenos el que ha hecho sombra a The Thin Red Line salvo el de Saving Private Ryan. Dos cintas muy diferentes que compartían entre sí algunos mensajes similares. Una lástima para la vuelta de Malick y para la misma película, a pesar de sus obvios y repetidos discursos.

“The New World” (El Nuevo Mundo), 2005.

A diferencia de muchas críticas reivindicativas de Badlands o The Thin Red Line como icónicas de T. Malick, no coincido con la supuesta brillantez de aquéllas. Por el contrario, considero a Days of Heaven más resolutiva, y a The New World más representativa de su talento. Esta última las supera tanto en estructura y profundidad, como en ambientación.

Logra caracterizaciones menos ideales que sus precursoras tratándose de una historia más ajena a nuestro tiempo y cultura. Gracias al aumento de humanización en los conflictos interiores, paradójicamente, esta película se acerca mejor al espectador, pudiendo incrementar las posibilidades de conexión, mientras pertenece a una época más alejada si comparamos los anteriores trabajos de Terrence Malick.

La música, composición y dirección artística en general, ayudan sin duda a redondear la producción. Se adecuan a The New World conservando el equilibrio que ya tuviera Days of Heaven, pero en una obra preeminente a la anterior.

“The Tree of Life” (El Árbol de la Vida), 2011.

Por fin, The Tree of Life, o lo que es lo igual, el culmen Malick. Un estreno esperado a la par que de antagónico recibimiento; bodrio pedante “versus” obra maestra, posiciones en las cuales no cuadra la mía.

El filme se centra en una familia común estadounidense de mediados de siglo XX, enmarcada por las reflexiones de uno de los hijos ahora adulto (Sean Penn), acerca de las influencias que sus progenitores (Brad Pitt y Jessica Chastain) en su ser y modo de entender el mundo, y por conceptos universales y deístas en la relación sujeto-realidad.

Estos tres terrenos -individuo, familia, universo- plantean cuestiones y/o situaciones muy interesantes que desilusionan tarde o temprano. En el primer caso, quizás procura sugerir tanto que al final no araña ni la superficie de lo pretendido. En el segundo, un vez llegados hasta cierto punto la promesa se atasca. Y, en último lugar, la intención de englobarlo todo sencillamente no se consigue, pronto pierde la noción hasta el despropósito (el mejor ejemplo son las escenas de dinosaurios). Todo para mostrarnos en parte la vieja lección del ciclo de la vida y de las grandes y pequeñas cosas que se pierden por el camino de tal fenómeno.

En esencia, encuentro dos fallos en The Tree of Life: el mal desarrollo de unas buenas ideas y el desacierto al integrarlas entre sí.
Las reacciones tan opuestas al largometraje probablemente se deban al extremo contraste entre la genialidad fotográfica (poética desde el objeto más insignificante) y las faltas de un pasable guión, ya que muchos atribuyen la nulidad del realizador como guionista (argumento a mi parecer descartado si conocemos su trayectoria) cuando pasan más desapercibidas irregularidades de otros cineastas, como es el caso de Woody Allen, quien creo que arrastra demasiados años de hacer por hacer, con la única excusa de su propio nombre.

Para finalizar y muestra de que Terrence Malick no es un director tan pausado en su carrera, basta con leer en IMDb que se encuentra rodando su última película, además de contar con otras dos en post-producción.

  1. Explorador’s avatar

    Me gustó mucho “El árbol de la vida”, aunque sé que puede resultar cargante. De todas formas, ese tipo de películas deberían tener su espacio con más asiduidad, todo lo que plantea propuestas diferentes debiera. Pero también creo que un guión más convencional, al menos en ciertas partes de la peli, hubiera ayudado bastante.

    Un abrazo :)

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